27 diciembre, 2007

¡Voilà!


Cómemeelcoco ha recibido un peculiar regalo de Navidad. El 26 de Diciembre amaneció ¡con 13.299 visitas! en un solo día. Nuestro Papá Nöel ha sido un tal New a quien agradecemos la ocurrencia de poner un enlace a nuestro Post aquél sobre las "costumbres sexuales japonesas" en meneame.net, un sistema de promoción de noticias que incluye foro. No dejará de sorprendernos este universo cyberespacial.

A finales de octubre ya tuvimos un notable pico de afluencia gracias al link de Le Journal de la Fessée, la mayoría de habla francófona, por lo que suponemos que la causa de tales visitas era más bien de carácter visual. ;-)

En cualquier caso, estos datos nos animan a mantener este nuestro/vuestro blog, a pesar de los altibajos y las dudas sobre los fundamentos de su existencia.

Sin perder nuestras raíces plagadas de historias picantes y sexudas reflexiones, queremos abrirnos también a otros ámbitos del saber (y tocar): arte contemporáneo, escultura, fotografía, literatura, humor... Si. Nuestra curiosidad no tiene límites y, como podéis apreciar, hemos ampliado nuestra carta con nuevos platos confeccionados por bloggers que llaman nuestra atención por su buen hacer.

Gracias a todos, también a los curiosos que se asoman tras los visillos, pero; sobre todo; gracias a los incondicionales que se pasean habitualmente por aquí.

¡Feliz y estimulante 2008!

12 diciembre, 2007

MI CUENTO DE NAVIDAD



Me desperté con un sobresalto. Conozco los ruidos de mi casa y los de la calle y este no pertenecía a ninguno de ellos. Se parecía a un golpe sordo. Salí de la cama, encendí la pequeña luz de la mesita y me enfundé los calcetines gruesos. La puerta de mi dormitorio siempre entreabierta emitió una queja cuando la empujé del todo. Me fui a pasos lentos por el pasillo, todavía medio dormida y tambaleándome entre pared y pared. El golpe sordo se convirtió en pequeños gruñidos que me guiaban hasta su fuente, mi salón. Toda la casa estaba a oscuras y cuando llegué al salón era incapaz de distinguir nada. Estuve tanteando un rato hasta encontrar el móvil tirado en el sofá. Tecleé, se encendió y me paralicé. Allí, en medio de la alfombra, un hombre estaba sentado, las manos apretando su pie izquierdo. Cuando me vio, se levantó y me miro con una sonrisa tonta.

- ¿Quién eres? ¿Qué haces aquí?… ¿Y porque estas medio desnudo? –le grité
- Tranquila, no soy peligroso.
- Ja. Eso lo dicen todos.
- Y no me gustan las mujeres
.- me contestó haciendo un escáner de mis bragas y de mi camiseta.
- ¿Qué quieres? ¿Cómo has entrado?
- Entré por la puerta gatera. Buscaba una chimenea.
- No tengo.
Y le hice un gesto con la barbilla en dirección del aire acondicionado.
- Ah… entiendo.
- ¿No tienes frío?

No era una pregunta retórica, solo llevaba unos calzoncillos, unas botas y un gorro ridículo, todo de color rojo.

- Pues…ahora que lo dices… ¿podrías encender la chimenea?
- Y dale… -Le di al mando del aire-. Antes de que llame a la guardia montada… ¿Quieres decirme que haces en mi casa en plena noche?
- Verás… soy nuevo en la empresa y cómo siempre a los nuevos nos tocan los casos difíciles y…
- No te voy a comprar nada…
- ¡No! Yo no vendo nada, ofrezco, es gratis…
- Ya. Tampoco quiero nada gratis. Te puedes marchar. Ha sido un placer.
- ¡Espera! Deja que te explique por lo menos. Luego me iré.
- Vale, ¿Qué remedio, no? Voy a hacer café. ¿Quieres uno? Tienes mala pinta…

Tenía una cara agradable pero una barba de pocos días y parecía muerto de sueño. Preparé el café en silencio mientras le echaba ojeadas que pretendía discretas. No lo conseguí, por supuesto.

- ¿Por qué me miras así?
- Naaa… por nada. ¿Eres un bombero perdido? ¿Somnámbulo, quizás?
- No…

Tenía cómo un punto de interrogación pintado en la frente. Me divertía.

- ¡Ya sé! ¡Estoy soñando! ¡Eres otra de mis fantasías y pronto me despertaré con un cosquilleo en las bragas!

En ese instante, toqué la cafetera y me quemé buena parte de la palma de la mano. Grité y hasta se me escaparon un par de lágrimas.

- ¡Có...rcholis! Sigues aquí. No eres un sueño…
- Déjame echarle un vistazo.

Di la vuelta a la mesa de la cocina, me acerqué y le tendí mi mano roja y caliente. Apenas las suyas se posaron sobre mi piel que noté un calor diferente al de mi palma, un calor suave y con olor a bizcocho. Por arte de magia se me había ido el dolor y de paso el enfado y el miedo hacía el. Le sonreí y el me respondió con la misma moneda.

- Bueno… cuéntame qué hace un enfermero en pelota en casas ajenas por las noches…
- ¡Que no soy enfermero! Tampoco bombero ni enfermo mental.
- Vale, vale, lo que tú digas…te paseas así porque te gusta enseñar el culo. A mi también me gusta pero… creo que hay momentos más apropiados para hacerlo… más íntimos… más… ¡heyyy! ¡Esas bragas eran mis preferidas!

Antes de poder hacer nada, el me había arrancado las bragas de un solo movimiento.

- Pues vaya mierda de bragas…
- Oye, no te lo permito. Son de papel comestible, me aficioné hace poco y ahora no puedo dormir sin ellas.
- Ahaa. Pensaba que querrías enseñarme el culo.
- Desde luego… toma tu café.

Le puse una taza humeante delante de las narices y me senté frente a él. Mientras le miraba dar sorbitos al brebaje, me sorprendí pensando en cosas triviales como si pudiera ser el tipo de hombre que le gustaría a mi madre, si tiene hijos, si sería un buen amante o mejor un buen amigo con derecho a roces…entonces me acordé de su confesión…

- ¿Así que no te gustan las mujeres…?
- ¡Claro que si! No quería asustarte y pensé que era mejor mentir un poquito que recibir un tortazo…
- ¿Nos conocemos verdad?
- Tú a mi no, pero yo tuve que estudiar tu ficha cuando me asignaron tu caso así que puedo decir que te conozco un poco… Estoy aquí para cuidar de ti.
- Ya. Por eso me arrancaste las bragas.
- Estas mucho mejor así. ¡Esas bragas eran horribles!
- Anda que tú…
- ¿Algún problema con mi uniforme laboral?
- ¿Otro café?
Le contesté con mi mejor sonrisa. No sé mentir, no sé mentir con convicción, así que mejor cambiar de tema.
- No, gracias, tengo que conducir.
- Entiendo… Sabes, a lo mejor te parece raro pero te puedo ofrecer la habitación de amigos… podrías descansar un poco antes de coger el coche.
- ¿El coche?
- O lo que sea. Que más da. ¿Quieres quedarte un ratito conmigo?
- Si. Mañana es Navidad.
- Ya lo sé. Es difícil olvidarlo, todos te lo recuerdan. Y mira que lo intenté… llevo toda la semana encerrada en casa, desconecté el teléfono, intento no mirar la telé… y cuando pienso haberlo conseguido, apareces tú con este uniforme que…por no taparte no te tapa ni las bolas…

Me callé y esperé su reacción. El se quedó con la mirada pasmada hasta que pareció entender la indirecta. Se levantó un poco de la silla y se ajustó los calzoncillos.

- Jo… no quedaban de mi talla en el almacén. ¿Pero tú vas sin bragas, te acuerdas?
- Tienes razón… ahora mismo voy a ponerme algo más formal. ¿Me esperas aquí?
- No. Voy contigo.
- Tu mismo.

Me fui hacía el dormitorio y el me siguió a pasos lentos. Entramos juntos en mi cuarto y se sentó encima de la cama mientras buceaba en mi armario.

Han pasado 2 años desde aquel día.
El, siempre se siente encima de la cama mientras buceo en el armario en busca de ropa formal.




Sed felices...

10 diciembre, 2007

Cuando estoy atento, siempre aparece una nueva paradoja. El mundo está repleto de ellas. ¿No crees?


Cuando el fuerte aprende el Tao, lo practica con diligencia;

Cuando el avanzado aprende el Tao, lo practica en ocasiones;

Cuando el débil aprende el Tao, se alegra y ríe;

Aquellos que no ríen no han aprendido nada.


Así está dicho:
Quien comprende el Tao, parece incoherente;

Quien progresa en el Tao, parece fallar;

Quien sigue el Tao, parece vagabundear.


Así la mayor fuerza aparenta vulnerabilidad;
La verdad más brillante aparenta matices;

El carácter más pleno aparenta ser incompleto;

El corazón más fuerte aparenta debilidad;

La Naturaleza más hermosa aparenta inconstancia.


Así el cuadrado, perfeccionado, no tiene esquinas;
El arte, perfeccionado, no tiene sentido;

El sexo, perfeccionado, no tiene clímax;

La forma, perfeccionada, carece de forma.


Así el Tao no puede sentirse ni conocerse:
Transmite sensación y trasciende el conocimiento.


Tao Te Ching. Lao Tse. siglo IV adC.

04 diciembre, 2007

VERSOTINA


Todos tenemos nuestros rituales a la hora de meternos en la cama… también tenemos truquillos para dormir cuando el sueño se ha ido de marcha… cuento ovejas, pienso en el mar, respiro hondo, intento concentrarme en el ronroneo de mi gata, bebo leche, fumo un p., echo a la gata de la cama,… no sé si son maneras eficientes de encontrar el sueño, supongo que acabo dormida porque ya toca.
Para los casos extremos El ha encontrado una manera fenomenal de conseguir que me callara ó dejara su culo en paz… me lee poesía en la cama. Pone su voz en modo “documental del domingo tarde” y empieza…


Otra vez tus caderas
Se cruzan por
Mi vista, bajo
Esa faldita corta
Que llevas se esconde
Tu culote, tus
Bellas piernas
Operan caminos que sigo
En algún momento de mi camino
Te sigo un par de pasos
El rastro es exquisito
Y me derrito cuanto presagio
Es una manera de ser
Sincero a la fantasía
Y a la inercia que
Provocan tus caderas
En mi piel irresistible,
Somos como dos imanes
Tu coño y mi pene
Con tan y proclamada
Expresión punk
El rostro de mis ojos
Se apaga y enciende
Y cambia de colores
Cuando te mueves,
Eres mi luna
En marea alta me atas,
Y amarras al dulce
Presagio de tus caderas
Me encantan
Y extraño tocarte
Al final de ese camino
Extraño que has de llegar

Versos e imagen: Israel Ruiz Minter
“Los 365 días del culo”