
Me desperté con un sobresalto. Conozco los ruidos de mi casa y los de la calle y este no pertenecía a ninguno de ellos. Se parecía a un golpe sordo. Salí de la cama, encendí la pequeña luz de la mesita y me enfundé los calcetines gruesos. La puerta de mi dormitorio siempre entreabierta emitió una queja cuando la empujé del todo. Me fui a pasos lentos por el pasillo, todavía medio dormida y tambaleándome entre pared y pared. El golpe sordo se convirtió en pequeños gruñidos que me guiaban hasta su fuente, mi salón. Toda la casa estaba a oscuras y cuando llegué al salón era incapaz de distinguir nada. Estuve tanteando un rato hasta encontrar el móvil tirado en el sofá. Tecleé, se encendió y me paralicé. Allí, en medio de la alfombra, un hombre estaba sentado, las manos apretando su pie izquierdo. Cuando me vio, se levantó y me miro con una sonrisa tonta.
- ¿Quién eres? ¿Qué haces aquí?… ¿Y porque estas medio desnudo? –le grité
- Tranquila, no soy peligroso.
- Ja. Eso lo dicen todos.
- Y no me gustan las mujeres.- me contestó haciendo un escáner de mis bragas y de mi camiseta.
- ¿Qué quieres? ¿Cómo has entrado?
- Entré por la puerta gatera. Buscaba una chimenea.
- No tengo. Y le hice un gesto con la barbilla en dirección del aire acondicionado.
- Ah… entiendo.
- ¿No tienes frío?
No era una pregunta retórica, solo llevaba unos calzoncillos, unas botas y un gorro ridículo, todo de color rojo.
- Pues…ahora que lo dices… ¿podrías encender la chimenea?
- Y dale… -Le di al mando del aire-. Antes de que llame a la guardia montada… ¿Quieres decirme que haces en mi casa en plena noche?
- Verás… soy nuevo en la empresa y cómo siempre a los nuevos nos tocan los casos difíciles y…
- No te voy a comprar nada…
- ¡No! Yo no vendo nada, ofrezco, es gratis…
- Ya. Tampoco quiero nada gratis. Te puedes marchar. Ha sido un placer.
- ¡Espera! Deja que te explique por lo menos. Luego me iré.
- Vale, ¿Qué remedio, no? Voy a hacer café. ¿Quieres uno? Tienes mala pinta…
Tenía una cara agradable pero una barba de pocos días y parecía muerto de sueño. Preparé el café en silencio mientras le echaba ojeadas que pretendía discretas. No lo conseguí, por supuesto.
- ¿Por qué me miras así?
- Naaa… por nada. ¿Eres un bombero perdido? ¿Somnámbulo, quizás?
- No…
Tenía cómo un punto de interrogación pintado en la frente. Me divertía.
- ¡Ya sé! ¡Estoy soñando! ¡Eres otra de mis fantasías y pronto me despertaré con un cosquilleo en las bragas!
En ese instante, toqué la cafetera y me quemé buena parte de la palma de la mano. Grité y hasta se me escaparon un par de lágrimas.
- ¿Quién eres? ¿Qué haces aquí?… ¿Y porque estas medio desnudo? –le grité
- Tranquila, no soy peligroso.
- Ja. Eso lo dicen todos.
- Y no me gustan las mujeres.- me contestó haciendo un escáner de mis bragas y de mi camiseta.
- ¿Qué quieres? ¿Cómo has entrado?
- Entré por la puerta gatera. Buscaba una chimenea.
- No tengo. Y le hice un gesto con la barbilla en dirección del aire acondicionado.
- Ah… entiendo.
- ¿No tienes frío?
No era una pregunta retórica, solo llevaba unos calzoncillos, unas botas y un gorro ridículo, todo de color rojo.
- Pues…ahora que lo dices… ¿podrías encender la chimenea?
- Y dale… -Le di al mando del aire-. Antes de que llame a la guardia montada… ¿Quieres decirme que haces en mi casa en plena noche?
- Verás… soy nuevo en la empresa y cómo siempre a los nuevos nos tocan los casos difíciles y…
- No te voy a comprar nada…
- ¡No! Yo no vendo nada, ofrezco, es gratis…
- Ya. Tampoco quiero nada gratis. Te puedes marchar. Ha sido un placer.
- ¡Espera! Deja que te explique por lo menos. Luego me iré.
- Vale, ¿Qué remedio, no? Voy a hacer café. ¿Quieres uno? Tienes mala pinta…
Tenía una cara agradable pero una barba de pocos días y parecía muerto de sueño. Preparé el café en silencio mientras le echaba ojeadas que pretendía discretas. No lo conseguí, por supuesto.
- ¿Por qué me miras así?
- Naaa… por nada. ¿Eres un bombero perdido? ¿Somnámbulo, quizás?
- No…
Tenía cómo un punto de interrogación pintado en la frente. Me divertía.
- ¡Ya sé! ¡Estoy soñando! ¡Eres otra de mis fantasías y pronto me despertaré con un cosquilleo en las bragas!
En ese instante, toqué la cafetera y me quemé buena parte de la palma de la mano. Grité y hasta se me escaparon un par de lágrimas.
- ¡Có...rcholis! Sigues aquí. No eres un sueño…
- Déjame echarle un vistazo.
Di la vuelta a la mesa de la cocina, me acerqué y le tendí mi mano roja y caliente. Apenas las suyas se posaron sobre mi piel que noté un calor diferente al de mi palma, un calor suave y con olor a bizcocho. Por arte de magia se me había ido el dolor y de paso el enfado y el miedo hacía el. Le sonreí y el me respondió con la misma moneda.
- Bueno… cuéntame qué hace un enfermero en pelota en casas ajenas por las noches…
- ¡Que no soy enfermero! Tampoco bombero ni enfermo mental.
- Vale, vale, lo que tú digas…te paseas así porque te gusta enseñar el culo. A mi también me gusta pero… creo que hay momentos más apropiados para hacerlo… más íntimos… más… ¡heyyy! ¡Esas bragas eran mis preferidas!
Antes de poder hacer nada, el me había arrancado las bragas de un solo movimiento.
- Pues vaya mierda de bragas…
- Oye, no te lo permito. Son de papel comestible, me aficioné hace poco y ahora no puedo dormir sin ellas.
- Ahaa. Pensaba que querrías enseñarme el culo.
- Desde luego… toma tu café.
Le puse una taza humeante delante de las narices y me senté frente a él. Mientras le miraba dar sorbitos al brebaje, me sorprendí pensando en cosas triviales como si pudiera ser el tipo de hombre que le gustaría a mi madre, si tiene hijos, si sería un buen amante o mejor un buen amigo con derecho a roces…entonces me acordé de su confesión…
- ¿Así que no te gustan las mujeres…?
- ¡Claro que si! No quería asustarte y pensé que era mejor mentir un poquito que recibir un tortazo…
- ¿Nos conocemos verdad?
- Tú a mi no, pero yo tuve que estudiar tu ficha cuando me asignaron tu caso así que puedo decir que te conozco un poco… Estoy aquí para cuidar de ti.
- Ya. Por eso me arrancaste las bragas.
- Estas mucho mejor así. ¡Esas bragas eran horribles!
- Anda que tú…
- ¿Algún problema con mi uniforme laboral?
- ¿Otro café? Le contesté con mi mejor sonrisa. No sé mentir, no sé mentir con convicción, así que mejor cambiar de tema.
- No, gracias, tengo que conducir.
- Entiendo… Sabes, a lo mejor te parece raro pero te puedo ofrecer la habitación de amigos… podrías descansar un poco antes de coger el coche.
- ¿El coche?
- O lo que sea. Que más da. ¿Quieres quedarte un ratito conmigo?
- Si. Mañana es Navidad.
- Ya lo sé. Es difícil olvidarlo, todos te lo recuerdan. Y mira que lo intenté… llevo toda la semana encerrada en casa, desconecté el teléfono, intento no mirar la telé… y cuando pienso haberlo conseguido, apareces tú con este uniforme que…por no taparte no te tapa ni las bolas…
Me callé y esperé su reacción. El se quedó con la mirada pasmada hasta que pareció entender la indirecta. Se levantó un poco de la silla y se ajustó los calzoncillos.
- Jo… no quedaban de mi talla en el almacén. ¿Pero tú vas sin bragas, te acuerdas?
- Tienes razón… ahora mismo voy a ponerme algo más formal. ¿Me esperas aquí?
- No. Voy contigo.
- Tu mismo.
Me fui hacía el dormitorio y el me siguió a pasos lentos. Entramos juntos en mi cuarto y se sentó encima de la cama mientras buceaba en mi armario.
Han pasado 2 años desde aquel día.
El, siempre se siente encima de la cama mientras buceo en el armario en busca de ropa formal.
Sed felices...
16 quieren postre:
¡Qué bueno, Emma! con la mañanita que llevo y poco gusto por estas fechas me sentía cada vez más con Scrunch...paparruchas!!
pero me has arrancado una sonrisa con tu dulce-picante relato.
Un beso sonriente
Tú a mí también me has arrandado una sonrisa ¡¡¡mira que no haber de su talla....jajajajaja!!!
Besitos!
Anna Belén.
Yo me encuentro a uno en el salon medio en pelotas y lo primero q hago es salir pitando jajajaja.
Me ha gustado mucho, bonito cuento.
Dulces sueños emma
Yo trabajé de San Nicolás una vez... Felicidades
Muy bueno este relato. Me ha encantado, y además tiene final inesperado. Felices fiestas a los dos. Un beso de pantera.
¡¡El empleado de Papá Noel se regala a si mismo!! ¡¡No está mal!! Me has dado una idea, igual este año escribo alguna carta a las "Reinas Magas". Como algo sé de hechiceras, puede que me hagan caso y me envíen un "trío" de empleadas... ¡¡jajaja!! Besos y felices navidades.
PD. Quinto capítulo de "La lascivia..." en mi blog. ¡¡Buen provecho!!
Siempre ese punto divertido, eres pura vida.
Me encanta este relato de navidad.
Yo me encuentro a ese personaje en mi casa y me desmayo del susto� Tendr�a que hacerme el boca a boca seguro. Jajajaja
Un beso de no navidad
Que pesadito esta el mundo en estas fechas!
Hahaha, muy bueno, ese gordinflas cada vez me cae peor, pero la historia me ha dado un poco de espíritu navideño y todo...
Nos vemos, y gracias por linkarme...
Vale, ahora veo la navidad con otra perspectiva.
Voy a rehacer mi carta a los Reyes Magos porque se me están ocurriendo un ciento de cosas.
Feliz navidad, o lo que sea.
Eso nos pasa a los que somos hospitalarios y de buen corazón, a mi casa también acudió un buen día una bella caribeña de color canela, pidiéndome fonda para un par de días mientras arreglaba los papeles. Estuvo dos años preparándome un desayuno cubano delicioso, hasta que llegue a aborrecer la manduca, el plato frito, la crema de yogurt y la mermelada de yuca. Ya me he pasado al desayuno mediterráneo.
Eso nos pasa por dar cuartelillo y por utilizar ropa interior reciclable.
Besos
Un Noel muy paciente y buena gente, jajajajaja...
Un besazo navideño
Un despertar sobresaltado, pero muy dulce.
Feliz Navidad Emmita!!!
Mil besos
BettyBlu
¿y sólo mira? C'est un voyeur, quoi!
Joyeux Noël!!! Feliz Navidad a los dos.
Fantástico relato, imposible no dibujar una sonrisa mientras se lee...
Felices fiestas guapisima
Muaks!
garcias por el regalito navideño...
a ti y a elocuente.. que disfruteis estos dias, muchooo muchooo
Felices Fiestas!!!! Besos
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